La mencionada leia esto mientras chupaba despaciosamente un mate frio y lavado que se habia cebado ya algunos minutos atrás. ¿Quien podia estar usando un Estimada para encabezar un mail? Por Dios... hace años que no uso Estimado Fulano... Recordó una obra de Cortázar que decía que los argentinos solemos tener serios problemas a la hora de encabezar las cartas.
De cualquier manera, (o como decía Helena todo el tiempo... whatever) el que escribía esa carta en ese mail no era un argentino común y corriente. Y ella no había tenido la menor noticia de él en por lo menos dos años.
Bueno, como noticia... alguna vez le habian avisado, tambien via mail, que una pintora presentaba sus obras y este tipo las había comentado. Sí, un comentario de este argentino podía ser poco extenso pero de una densidad inimaginable. Aparecía acompañado de una reproducción en miniatura de una de las pinturas. Fea, la pintura. Helena poco tiempo después se vería buscando fruiciosamente esa invitación. Y al poco tiempo después, recibiria también, otra invitación, muy similar, donde un poeta presentaba su tercer libro, y este tipo, de nuevo, era uno de los participantes de la mesa. Pero ella ya no sería la misma de entonces.
A quien por el momento llamaremos así, simplemente, "este tipo"... Este tipo había alimentado en Helena ciertas... digamos, fantasías. Humildes y llanas, poco pretenciosas y sinceras fantasías. Digamos, Cuadro Uno: este tipo entregándole el título. Cuadro Dos: este tipo... Bueno, no había Cuadro Dos.
Helena conservaba en su recuerdo una treintena de encuentros estrictamente académicos con este tipo, junto con otra treintena de alumnos y alumnitas. Y su mente había pordido pergeñar una sola fantasía, una.
A la hora de recibir el ansiado titulo y mientras sonaban los aplausos de todos para nadie, confundida entre otros cuatro o cinco alumnas más, subidas por solo por un momento al escenario del aula mayor, los flashes de las cámaras digitales, el apuro de la decana por terminar rápido la cuestión... Este-Tipo en cuestión estaría alli, presente, silencioso... vestido de negro, de pies a cabeza, y fiel a su estilo, con una sonrisa muda en los labios y los más bellos ojos del mundo, tomaría el rollito de papel de la mesa, y se lo entregaria con tácito orgullo.
Ella sí se lo merecía...Ella no sólo lo merecía, sino que además lo merecía de sus manos, de las manos de ese tipo.
Las manos de ese tipo poco después estarían acariciando dulcemente la cintura de Helena, los bordes de una minifalda muy ad hoc... Esos dedos estarían, poco, muy poco después (cuanto es mucho tiempo?) subiendo por los bordes de una bombacha rosa que ella hubo de comprar en Farmacity, en pack cerrado de tres por diez.
¿Cuántas veces en su vida de muchacha y de mujer, pudo sentir... no sentir, más bien... comprobar, efectivamente, la magia de una boca que besa el interior de sus rodillas? qué por alguna extrañísima conexión inexplicable hace que sus axilas se humedezcan? y la piel de su nuca, se erice?
No, no es literatura, no es otra lección de Cosmopolitan sobre cómo gemir más y mejor, no, no. La toca, sólo la abraza... y Helena, mujer, pierde su ser en ese calor y en ese olor.
No digamos que toda, pero toda su femeneidad fluye y se derrite entre sus piernas...
Uno de los primeros olores que Helena recordaría sería un intenso aroma a vainilla, que el sensible y cuasi obsesivo portero ponía en un hornito en el hall de entrada del edificio. Ese perfume vendría a resignificar las maravillas que su abuela sacaba del horno de la ignorancia de una infancia feliz, y sería de allí en adelante una señal precursora de los placeres por venir.
El paraíso, para Helena... olía a torta recién horneada.
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Llueve. Plan: siesta de quince, no... mejor treinta minutos, con posible extensión a cuarenta o cincuenta. Por Dios, gata... ¡no tenés otro lugar donde dormir la siesta que NO sea encima mío? Ufff...
Este número no lo conozco pero debe ser del centro... porque 4381.. a ver...
- Hola?
-Hola. Alicia?
-Hola... Javier?
-Hola, como estás? Podés hablar?
-Sí, sí, sí. Cómo estás?
-Bien, estoy en casa, con un cuadro... viral, o algo así.
-Ajá... indefinido?
-Sí
-Pero igualmente desagradable...
-Sí. Y encima, encima me dejé la notebook en el consultorio, así que estoy así como aislado del mundo exterior... Quería saludarte... Te extraño.
- Yo también. Se te extraña. Estaba pensando en vos hace un ratito...
- Cómo estás?
- Bien, tranqui, estudiando... ¿recibiste mi último mail?
-mmnop...
-Bueno, ahí te decia algo así como... por fin llueve, estoy en casa, muy cómoda, y no tengo interés en salir al espacio exterior... Así que creo que estamos en igualdad de condiciones, de algún modo.
-Sí, bueno... a mí el médico me dio cuarenta y ocho horas. Pero supongo que para el sábado... aunque no sé cómo viene mi sábado...
-Bueno, yo el sábado a la mañana rindo pero supongo que a la tarde voy a estar libre... bueno, es casi seguro. De cualquier manera, hablamos.
-Cómo venís con el estudio?
- Bien... un poco vaga pero... estar de vacaciones en el trabajo te permite otros tiempos, me encanta, es otro ritmo... muy college.
-Bueno, te deseo suerte...
-Gracias. Que te mejores, cucu.
-Ay, qué bueno escucharte... Bueno, nena... Nos vemos.
- Gracias... te mando un beso.
-Dale, un beso grande.
-Chau.
-Chau chau.
